Escribir como método de limpieza mental.

Redactar obliga a aprender a sintetizar. La capacidad sintética refleja inteligencia, comprensión, análisis, instrospección. Algo que desaparece cuando le cambio al canal de televisión de forma constante, cuando veo el futbol o si estoy corriendo. El síndrome del zapping dice Enrique Rojas; una enfermedad del siglo 21 que llegó para quedarse con la era digital. 

Escribir para mi es como abrir un baúl donde hay cosas viejas, nuevas, permanentes y temporales, que pasan como rápidas imágenes y me dan el aliento para mover los dedos. También es una forma de limpiar mis pensamientos, comprender más  mis emociones y ver todos sus ángulos. Ése baúl a veces tiene que ser vaciado. Me gusta desaprender, porque todo es cambio; y no se trata de modificar los valores o los principios que me rigen como individuo, sino saber adaptarlos y evolucionarlos. 

El crecimiento es una parte esencial de la personalidad. A veces se me olvida, y caigo en este “status quo” que deriva en una desazón por la rutina y el entorno social. Después se convierte en decepción y todo vuelve a empezar. Tengo que reinventarlo cada día para volver al principio y darle un sentido a las cosas. 

Escribir es pues, parte fundamental de ese proceso de renovación. Todo el día “escribo” en twitter, whatsapp, el email, documentos de trabajo. Pero esa parte no cuenta, porque ésa redacción es como oír sin escuchar. Laceremos pues, las páginas blancas que nos esperan para ser nuestros confidentes, sicólogos, amigos de vida y testigos de nuestro pasado. Escribamos como un acto egoísta de amor propio. 


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