Amor Perpetuo

Duerme mi niña blanca, a la sombra de la jacaranda, viajando por mundos inexplorados. 
Sonríe timidamente, como esperando mi mirada. Chuchuchu, el trenecito que va...

Detrás de sus ojos, cuando todo se queda quieto, puedo escuchar remolinos de viento que se agolpan en su pequeña cueva del silencio. Por sus rendijas de marfil, pasean miles de viajeros, que vuelan sobre alfombras trasparentes y diminutas, que yo inútilmente trato de contener entre mis dedos, chuchuchu el trenecito que viene.

Una avalancha de miel se derrama en su boca, y yo pienso que proviene de misteriosos manantiales de aguas verdeazules, tierras ambarinas y campos de almendros.
Aquí afuera, mi niña de alabastro, es tan tierna como un higo y tan suave como el durazno. 
Duerme mi niña blanca sobre mis manos de tierra, germina semilla viva y conviertete en flor perpetua. 
Chuchuchu, el trenecito que va. Shhh...

Alero

Como brisa de todas partes, ésta acuarela de luz se pinta de blanco y se desdibuja al antojo no se quién, yo solo soy un testigo impaciente de fondos azules y cabellos de plata que espera el siguiente remolino de viento.
Aquí, sobre mi espalda, y viendo al cielo, ésto es una sinfonía de grises pluscuamperfectos, en dónde descansar la mirada. 
Un ave metálica atraviesa el cielo, recorriendo caminos inconclusos, dejando a su paso, trozos de su aliento, y yo hago como que guío su ruta entre mis dedos, la tómo por las alas y soy parte de su vuelo. 

Los Topes de Tijuana


"Duermientes vigilantes de calles olvidadas, vestigios transparentes de una sociedad ensimismada". 

Un tope para mí siempre ha sido un ejemplo de retraso, un sargento rígido y sin consideraciones que no confia en nuestra educación o la buena voluntad. Hay tres o cuatro separados por menos de 10 metros en una misma calle y me pregunto: ¿Qué tragedias habrá vivido ese vecindario para aplicar tal rigor a sus visitantes? o peor aún, tal vez ya olvidaron porque los pusieron ahí.

De mí casa al trabajo he diseñado una ruta que no tiene que ver con tiempos, semáforos o baches; sino con topes, y transitarla me hace sentir en el primer mundo, donde el órden existe porque las reglas se aplican y no necesitan de testarudos obstáculos que me hacen brincar en el asiento y golpean la suspensión de mí automóvil. 
Los hay negros, amarillos o una combinación de ambos, otras veces están desnudos y se aparecen como sorpresivas rampas de velocidad que te hacen mentar la madre. 

He llegado la conclusión de que los topes son reminiscencias de una libertad coartada, soportados por una indiferencia colectiva, sin otro propósito más, que la costumbre de instalarlos. 

Seremos Eternos

Habrá que encontrarle tiempo a todos los verbos conocidos, para poder escribirlos a tu lado. En ocasiones subrayarlos y ponerlos en negrillas. 
En ocasiones mientras paseamos por la playa tomo un puñado de arena y me he preguntado como guardar la eternidad, como acarrear los recuerdos y preservar la memoria. 
Cuando me hago éstas preguntas, mi madre me pasa una toalla caliente, para ponerla en mi pecho y calmar la tos. Y claramente puedo ver que mi piel es su piel, mi boca su boca y soy un extraño duplicado en un cuerpo envejecido como el mejor de los vinos.

"No te preocupes niño mío. Cuando el tiempo nos reclame, ya habremos migrado nuestra esencia, cada pedazo de mi alma se irá desprendiendo, y no es que yo me vaya; sino que me meto más en tí. Tú también tendrás que partir un día, solo para renacer, tu estarás en mi y yo en tí, nos volveremos uno, para siempre..." 

Todo se abre.

Todo se abre, los púlmones, la boca, 
los corazones, los ojos de un niño,
mis oídos para la voz de Luciana,
mí completa atención, para cada segundo,
El problema es abrirse,
abrir la mano, los sentidos, los dedos para escribir.

Se abré la flor, los brazos del abuelo, 
los labios de los amantes,
tus piernas para recibirme,
mí espalda para soportarte,
tu vientre para ser cuna,
mi piel para expulsarte.

El problema no es sino otro que abrirse,
dejar de esperar, recibir, 
abrir la puerta, dejarla abierta,
la lluvia que vino ayer a visitarme,
era agua abierta, hojas, nubes, nieve, ave, 
amor de madre,
les comparto el secreto de la vida,
todo es abrirse, cosa que abre,
corazón abierto, baúl de todas partes.

Ésta flor de mediodía,
que me ha visto en el parque,
me dijo con su silencio,
lo que hoy vengo a contarles. 


Las luces LED no son románticas

Las calles ambarinas de mi ciudad son cosa del pasado, hoy en día un velo blanco y frío recorre los barrios que antes me parecían tan bohemios. Éstas luces engañosas pretenden que vea al día en la noche, pero no me trago la mentira. Hay otras buenas combatientes que en pie de lucha siguen dándome espectaculares juegos de sombras, y atardeceres permanentes. 
El tiempo se ha llevado la estampa de mi ciudad, la tecnología ha venido a robarme un pedazo de recuerdo. Entiendo que la compañía de luz no esté de acuerdo con mis observaciones, solo me queda escribir para desahogar el pensamiento, pues no habría más locura, que acudir al ayuntamiento a ponerles una queja por nostalgia. 

Sin Dos

Su intención no fue ofenderme, ni yo ser ofendida, los dos nos disculpamos por tí. Con una percepción rigurosa le hable de nuestro amor tan pasajero, porque no quise que llegará a preguntarme tu nombre. Me senté en un banco a reposar el pensamiento y el sentimiento. Me tragué el llanto de los ojos que pasó directo a la garganta y formó un lazo invisible apretándome el cuello. 
Este amor incipiente, se volvió final inesperado. En ocasiones me he culpado, y pienso que mis deseos de tí, te hicieron llegar a mi vida antes de tiempo. Pero sé que en esto, todos somos inocentes. Quisiera que hubiera un nombre para mí, para que pudieran referirse y reconocer tu existencia. Mi madre es viuda y mi hermana divorciada, pero ¿como me llámo yo? que tuve un hijo y lo perdí. Voy a culpar al potasio, al hierro, a todas los consejos de Mamá Teresa que nunca escuche. Pero solo son paliativos para éste vacío de tí. Es muy pronto, para que alguien pueda hacerme comprender éste asunto de no tenerte. Mientras tanto, seguiré ocultando tu nombre y te esperaré en mis sueños, donde tú y yo podremos amarnos, para siempre. 

Monkey


El país del pospretérito

El día hoy, Rogelio se levantó sin ganas de pensar en el día siguiente. Su mente siempre había estado atrapada el futuro, siempre pensando en lo que no tenía, lo que lograría, lo que obtendría. Vivía en un permanente condicional simple del idioma español. Seguía lamentándose por haber dejado ir a Virginia, pensando que debió de casarse con ella al terminar la universidad. Ahora no podría buscarla más, tendría que intentar convertirse en el amante furtivo y adoptar una posición que nunca pensó que le habría correspondido, ya que él siempre fué su gran amor. 
¿Amor?, ese fue el segundo cuestionamiento que llegó a su cabeza. Recuerda haber amado a su perro, porque nunca había llorado tanto, como cuando su padre le pidió que se despidiera del perro a los 12 años, antes de llevarlo por última vez al veterinario. Entender la muerte, en una edad tan temprana, le ayudó a conocer la vida, y parecía que todo era una lección para el futuro. Poco a poco, su pelo se fue cayendo, y sus barbas crecieron. También tuvo que despedirse de los abuelos, y volvió a sentir aquel dolor abdominal y el piquete en la garganta, como cuando perdió a su perro. Intrigado, pensó que el amor, solo le llegaba como una lluvia de verano, o mejor dicho un aguacero en primavera. Todo tan rápido, tan de golpe. 

Cansado, sin ganas de pensar en mañana, se quedó viéndose al espejo, reflexionando sobre las siguientes palabras: despertarías, comerías, amarías, vivirías, soñarías, viajarías, envejecerías y finalmente morirías. Para él, la cosa era más sencilla, solo necesitaba de dos palabras para darle sentido a éste momento de su vida: "Virginia, ¿Volverías?".  

Romero para la hermana Agnosia


Ve con ella, y toma su mano delicadamente, preguntale si recuerda quien éres y si sabe cómo te llamas. Te aseguro que hurgará entre los rincones de su mente y hará todo lo posible por llamarte por tu nombre. 
Pero no llores, todos maldecimos al olvido, pero en ocasiones, parece un regalo de Dios. Mi hermana se ha ido poco a poco de nosotros, y es lo contrario a un fantasma. Cuando la gente me pregunta si creo en los espíritus, les digo que no, pero creo en lo contrario a ellos, si es que para eso hay un nombre.
Cuentale del Rancho, de sus caballos, de la yegua que tanto le gustaba, del arroyo a donde la llevaba José a ver los sibolis. A lo mejor eso funciona mejor que el té de Romero que le damos todas las noches. Verás que te puede describir todo a la perfección, sus colores, formas, olores; solamente no le preguntes que te está describiendo, porque se pondrá muy triste y volverá a encerrarse en el cuarto. 

Recuerdo a papá, maldiciendo a la yegua, sacando su pistola y poniéndole el cañon entre los ojos, pero el sabía que si jalaba del gatillo, ese mismo día mataría un poco de mi hermana. Tuvo que regalársela a Don Emiliano, fue lo mejor que pudo hacer, cada paso del animal le recordaba el día en que Agnosia tuvo la caída. 

 No te preocupes, ya todos nos hemos ido acostumbrado a esto, ya verás que tu también lo harás, solo es importante que recuerdes usar esta cinta y el plumón, hemos decidido ponerle nombre a todo, así es más fácil y no necesitamos repetirle lo mismo siempre. El doctor viene cada semana y dijo que recemos todos los días para que se mejore pronto. Yo tengo mi vela prendida, una silla muy cómoda, y ahora te tengo a tí. Mi hermana volverá y yo estaré ahí para llenarla de recuerdos.